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Prólogo

Prólogo

Barcelona, 13 de febrero del 2012

 

El ruido de la puerta al cerrarse y los pasos por el pasillo me alertaron de la llegada de Ed. Como de costumbre se movió directamente a la cocina para servirse un vaso de pepsi muy fria que se llevó consigo hasta el salón. No me molesté en mirarlo, estaba demasiado ocupado tratando de pasar el decimoséptimo nivel del último juego de plataformas que había adquirido de forma ilegal, para variar, aunque la parsimonia de mi compañero de piso tres años mayor me parecía extraña. Transcurridos unos cinco minutos sin que ni siquiera encendiera la televisión o hiciese amago de ir a moverse, empecé a preocuparme por su estado psicológico. Ed era de la gente que no podía estar un segundo quieto, por lo que se parecía a mí, que no puedo estar más de un segundo sin soltar una parida, o eso dicen las malas lenguas como él y Diego. Normalmente nos llevamos bien exceptuando cuando quiere arrancarme los ojos como si yo fuera Sasuke y él Itachi.



-¿Ha ocurrido algo en el trabajo? -Ed solía frustrarse a menudo cuando algún polígono de los escenarios del juego que se desarrollaba en ese momento se le resistía.

-Nein. -Bueno, al menos no era un ataque depresivo. Había contestado con una rapidez equivalente a la de un leopardo hambriento cazando gacelas , gacelas cojas para ser más exactos.

-¿Te han asaltado una banda de maleantes fingiendo ser moradores de las arenas? -Puede sonar surrealista pero, hacía unos años, en uno de los salones del manga de la ciudad, un grupo de jóvenes "sith" habían tratado de cobrarnos un "impuesto para construir la tercera estrella de la muerte" a los que ambos habíamos respondido con sendas caras de incredulidad.

-Nein.

-¿Entonces qué? -La paciencia se me terminaba por momentos.

-Una señora me ha abordado en el portal y ha insinuado que soy un acosador y luego nos ha llenado el buzón de publicidad...

-¿La mujer de debajo del puente que amenaza a los niños del parque? -No era la primera vez que aquella mujer, que se pasaba el día borracha, acusaba de acosador o violador a los hombres que se cruzaban con ella.- No te traumatices no eres el primero...

-No, ésta parecía estar un poco loca, parecía que los ojos se le iban a salir de las cuencas y llevaba todo el pelo enmarañado.

-¿Ojos inyectados en sangre y boca desmesuradamente grande?

-Exacto, además de hablar en un tono de voz para nada discreto. -Se llevó el vaso a los labios y de un único trago se bebió todo el contenido.- Creo haberla visto antes en algún lugar...

-Mete publicidad durante la semana y los findes se dedica a robar en el centro comercial. Creo que se llama Helena o Helen o algo así... El guardia del centro comercial me lo dijo.

-¿El de ojos marrones o el que mide tanto como yo? -La expresión de Ed había ido cambiando progresivamente y en esos momentos tenía un tinte curioso.

-El de ojos marrones se llama Zac y el bajito se llama Jonás. -Lo cierto es que no es que su compañero fuera excesivamente bajo, pero le sacaba unos diez centímetros y solía soltarle puyas de vez en cuando por ello.

-Bueno el caso es que parecía estar loca, muy loca. -Con rápidos movimientos se quitó la chaqueta y depositó el vaso vació encima de la mesa del comedor. Se quitó los zapatos con los pies y se tiró en el sillón cercano al sofá donde estaba yo.

-Estate orgulloso. Nunca nadie sin conocerla de más de cinco minutos ha clavado tanto su personalidad y tú en apenas dos minutos lo has hecho. Está loca, muy loca, pero loca de locura de manicomio. -Pausé el juego para mirar a Ed, que observaba el vació con la mirada perdida.- Pero bueno, no tienes que preocuparte. No es como nosotros, de loca homicida no tiene nada de nada. -Una sonrisa entre sarcástica y divertida se dibujó en la cara de Ed.

-¿Te hace una partida al brawl?. -Parecía que un rastro de su "buen" humor había vuelto a aparecer.

-Por qué no, me doy por vencido con este juego...


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