Prólogo
Barcelona, 12 de febrero del 2012
-¡Por fin en casa! -Dije entrando por la acogedora puerta de mi hogar.
-Hola cielo, ¿Qué tal te ha ido el día?
La persona que habla es Míryam, mi novia. Llevamos cerca de dos años viviendo juntos, dos años maravillosos, debo reconocer. Es una chica muy inteligente, os iréis dando cuenta, atractiva y serena; no se asusta ni altera por nada. Con mucha personalidad, no intentéis rebatir lo que diga o sin saber cómo os veréis ridiculizados y pidiendo disculpas. Tiene demasiada labia.
-Hoy hemos tenido un día bastante tranquilo. Tenía ganas de verte. -Admití.
La besé, como hago siempre al llegar a casa. Me encanta probar el dulzor de sus labios al llegar, me ayuda a olvidarme de los problemas que surgen a lo largo del día.
-¿Qué tal tu día? -Pregunté con interés.
-Genial, cada vez estoy más agusto con los niños. -Míryam trabaja en un colegio con niños de hasta 4 años, se le ilumina la cara cada vez que habla de ellos.- Son tan monos cuando se portan bien...
-Tan embobada como siempre, por lo que veo. -Me carcajeé.
-¡Sabes que me encantan! -Replicó con cierto tono amenazante, que es el tono que suele tener cuando dices algo que no le acaba de gustar. Al menos esta vez no tenía un cuchillo en la mano...- Por cierto, ha llamado Drake hace un momento.
Drake es nuestro vecino del piso de abajo, vive con Ed. Se mudaron hace casi un año, aunque nuestra amistad se remonta años atrás, cuando coincidíamos en foros de internet, creábamos sectas antipersonas y profetizábamos apocalipsis varios.
Un día estaba hablando con Ed y le dije que el apartamento del vecino de abajo había quedado vacío, que si se mudaba podríamos disfrazarnos de personajes de bleach y montar un culebrón. A la semana siguiente aporreaba la puerta de casa un tipo un tanto bajito de pelo azul disfrazado de Hitsugaya con una espada de cartón, y a su lado una chica con peluca naranja, traje negro y otra espada de cartón. Olvidaba que con Ed hay que especificar cuándo bromeas y cuándo no. Para mi sorpresa se habían mudado, aunque no fue tan sorprendente como descubrir que la chica de peluca naranja y traje negro era nuestro amigo Drake.
-¿Sí? ¿Qué se cuenta? ¿Han vuelto a detener a Ed por escándalo público? -Explicaría eso, pero es un episodio traumático de nuestras vidas que todos queremos olvidar.- Dime que no.
Aunque vivimos en el mismo edificio, lo cierto es que nos vemos poco, ya sea por trabajo, por vaguería, o porque Drake intenta cocinar y hay que desalojar el edificio para facilitarle el trabajo a los bomberos.
-Jaja, por fortuna no ha vuelto a pasar. Sólo quería un par de consejos culinarios.
Suspiré, medio en broma, medio en serio.
-Será mejor que salgamos a dar un paseo... Quizá deberíamos coger nuestros bienes más
preciados. -Apunté con cierto temor.
-¡No seas bestia! El chico se está esforzando, la última vez a penas quemó la sartén.
-Todo un consuelo, sí.
-Además, no creo que tengamos problemas si pretende hacer una ensalada. -Dijo en el tono alegre que tanto la caracteriza.
-Yo no estaría tan seguro... -contesté falto de esperanza.- En cualquier caso, salgamos, hace mucho que no damos un paseo.
-Sí, desde ayer. -Apuntó con aire jocoso.
-Sabes que el tiempo se me hace eterno cuando no estoy a tu lado. -Me ruboricé.
Míryam fue sonriente a por los abrigos y salimos a dar una vuelta.
0 comentarios