Blogia
Linked Days

Prólogo

Prólogo

Barcelona, 13 de febrero del 2012

 

-¿Has acabado ya?


-Sí. ¿Nos vamos a casa?


-Ahá.



Me puse la chaqueta y me marché con Diego. Trabajamos juntos desde hace bastante tiempo, poco después de que Drake y yo nos mudáramos a Barcelona. Me enchufó en su empresa no sabe cómo, parece que al final valió la pena que estudiásemos la misma carrera, 3 años que sirvieron para algo.



-¿Sabes qué día es hoy? -Le pregunté.


-¡Oh no, otra vez no! -Tenía cara de pánico, no sé por qué.


-¡Sí, today is CATURDAY! -Siempre hay que mentar el Caturday con énfasis.


-Por qué a mí...


-Algún día los gatos dominarán el mundo, y no seré yo el que suplique clemencia ante ellos porque sabrán que siempre les he apoyado. Seré una eminencia gatuna y ahí sí que te tendrás que lamentar, tú y el resto de la humanidad.


-Bueno, para entonces la mayoría de los humanos ya serán zombies y tendremos otras cosas de las que preocuparnos. -Apuntó con cierto tono de sarcasmo.


-Oh shit, lo había olvidado... Tenemos que continuar con los planes, hablaré con Drake y nos pondremos con la parte de nuestra huída a Holanda, no podemos bajar la guardia.



Nos reimos durante un lapso considerable de tiempo.



-Oh, lo olvidaba, tengo que atender unos asuntos así que me despido aquí, ¿vale? -Dijo mientras se desviaba del camino a casa.


-Oka, hasta mañana.



Había desaparecido antes de que acabara la frase, cuando tiene prisa se nota. Anduve el resto del camino hasta casa, no estaba muy lejos de donde me separé de Diego. Entré en el portal y ahí había una mujer joven que se me quedó mirando fijamente.



-¡Tú!


-¿Yo?


-¡Tú!


-¡Yo! -Me burlé.


-No te hagas el gracioso, sé lo que pretendes.


-¿Perdona?


-Te he visto.


-¿Me has visto qué? -Me estaba empezando a inquietar.


-Me has estado siguiendo, y ahora has entrado en el mismo portal que yo, detrás de mi. -Metió la mano en el bolso- Pero no te saldrás con la tuya.


-¿Estás mal de la cabeza o qué? Vivo aquí, ¿sabes?


-¿Loca? ¿Me estás llamando loca? Yo no estoy loca, que te quede claro, y ni tú ni esos cabrones de blanco vais a conseguir que lo parezca.



Hubo un cruce de miradas y un silencio un tanto incómodo, aunque lo prefería antes que escuchar más sinsentidos. De repente sacó la mano del bolso, agarrando un puñado de panfletos sobre un centro comercial o algo así. Se puso a canturrear y a echar la publicidad por todos los buzones. Paró en seco cuando acabó y se giró hacia mí.



-No olvides visitar nuestro centro, cariño. -Dijo con una sonrisa en la cara.



Y sé marchó, feliz de la vida, como si nada. Me quedé alrededor de un minuto asimilando lo que acababa de suceder y decidí que necesitaba subir a casa y tomarme una Pepsi.

0 comentarios